LOT

martes, 23 de enero de 2024


Lot levantó la vista y observó que todo el valle del Jordán, hasta Zoar, era tierra de regadío, como el jardín del Señor o como la tierra de Egipto. Así era antes de que el Señor destruyera a Sodoma y a Gomorra . 
Génesis 13:10.

Los ojos de Lot se escaparon hasta Sodoma y Gomorra cuando eligió la llanura para vivir. Definitivamente, las ciudades no comenzaron a ser aquel lugar tan complicado para vivir después de la llegada de Lot; ya lo eran desde antes de su llegada, y él debió haber sabido lo que lo esperaba si entraba en ellas. Aun así, entró.
No lo hizo el primer día. No salió corriendo de la conversación con su tío y se metió en el centro de la ciudad, para "festejar" su libertad familiar. Fue un proceso largo. Un proceso que debió de haber comenzado con una posición de cuidado, de aprensión en relación con las ciudades, con sus habitantes y con sus costumbres.
Poco a poco, Lot y su familia fueron acostumbrándose a lo que era "natural y normal" entre los sodomitas, y las distancias se fueron acortando. Las barreras se fueron cayendo. Las tiendas se fueron acercando. Casi sin percibirlo, hicieron un buen negocio comprando una casa en la ciudad. ¿Para qué continuar viviendo en tiendas, como el tío viejo, si podían comprar la comodidad y el confort de la ciudad?
Nos acostumbramos al pecado de tal manera que no nos cuidamos de él. Es tan natural para nosotros, que ya no nos llama la atención. Recién cuando el pecado se transforma en tragedia, alguna fibra de nuestro corazón se sensibiliza. Lamentablemente, muchas veces es muy tarde y tenemos que pagar las consecuencias.
Lot se equivocó en la primera decisión, se equivocó en las decisiones intermedias y se equivocó en las últimas, también. Todas lo llevaron a Sodoma.
Por la conversación que Abraham tuvo con Cristo respecto de las ciudades, ni siquiera había conseguido convertir a diez personas. Lot no había conseguido convertir a su familia. Él estaba más influenciado por la ciudad de lo que él mismo sospechaba; tanto que el ángel lo tuvo que arrancar por la fuerza de la ciudad antes de que el fuego la consumiera. Difícilmente saltamos al pecado cuando lo vemos por primera vez. Por educación, principios, creencias o alguna cosa buena, lo miramos de reojo y no nos sentimos bien. El problema aparece cuando llegamos a mezclarnos tanto con él que ni siquiera lo distinguimos. Ora para estar atento hoy.
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ISMAEL


"Estás embarazada, y darás a luz un hijo , y le pondrás por nombre Ismael, porque el Señor ha escuchado tu aflicción " .
Génesis 16:11.

Si Dios escucha, como señala el significado del nombre Ismael, el niño no debería haber sido expulsado del campamento de su propio padre. Si Dios escucha, él no tendría que haber casi muerto de sed en el desierto. Si Dios escucha, él no tendría que pasar por ninguna dificultad. No podría sufrir, no podría...
No sé qué ideas cruzaban por la cabeza de Ismael cuando escuchaba su nombre, pero sí sé qué ideas cruzan por las cabezas de la mayoría de la gente del siglo XXI cuando sufren, cuando las cosas no van bien, cuando las cosas no salen como a ellos les hubiera gustado. ¿Dónde está Dios?
"¿Por qué esto me pasa a mí?" y "¿Qué hice para merecer esto?", son las típicas preguntas del ser humano (incluso de cristianos) cuando alguna situación lo incomoda. Desde el hongo en el pie hasta la muerte brutal de un ser querido, son motivos y razones para preguntarnos si Dios escucha.
En el caso de Ismael, la historia señala que sus problemas comenzaron con el nacimiento de Isaac. Hasta ese momento, él era el hijo de Abraham. Cuando "el hijo de la promesa" nace, la situación cambia radicalmente. De heredero, pasó a ser "el otro".
Ismael no pidió nacer. No tuvo culpa por nada de lo que sucedió antes de su nacimiento, pero sí es responsable por la actitud de burla que tomó para con Isaac. Definitivamente, no debió ser nada fácil ser consciente de que todo lo que había creído durante los trece años de su vida se desplomaba con la llegada de Isaac.
Dios escucha, pero no es un hada madrina que soluciona todos nuestros problemas sin importar lo que hagamos. Dios no está malcriando seres humanos arrogantes, pasándoles la mano por la cabeza a pesar de sus actitudes y acciones equivocadas. Cada uno es responsable por las actitudes que toma. Es natural que Ismael haya actuado así frente a Isaac, pero la decisión final de menospreciarlo y de tratarlo mal fue de él.
Quizás, hoy te toque sufrir alguna pérdida o tengas que cambiar, a la fuerza, algún punto de vista. Puedes contar con Dios, quien te escucha y te ama más allá de tus decisiones equivocadas.
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AGAR

lunes, 17 de enero de 2022

Cuando Dios oyó al niño sollozar, el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo y le dijo: "¿Qué te pasa, Agar? No temas, pues Dios ha escuchado los sollozos del niño". 
Génesis 21:17

¿Qué culpa tuvo Agar en cuanto a la mala idea de Sara? Ella no sedujo a Abraham. Ella no le colocó ideas extrañas en la cabeza a su ama. Ella, simplemente, estaba haciendo sus tareas, como todos los días, en la casa de sus patrones y recibió una orden; absolutamente extraña, estoy de acuerdo, pero una orden que debía cumplir como todas las otras.

Imagina la situación. Se levanta, como todas las mañanas; está haciendo sus tareas como todos los días, y cuando Sara la llama -después del culto matutino que Abraham celebraba-, le pide que se siente y le dice que esa noche ella, la esclava egipcia, tenía que dormir con Abraham. Y, como esclava, tenía que obedecer.

¿Le correspondía a ella explicar a Sara y a Abraham que ese no era el mejor camino para cumplir la promesa? ¿Era ella la responsable por hacerles entender que no era la voluntad de Dios que la usaran como un "vientre de alquiler" para conseguir engendrar el hijo deseado? Las decisiones que tú tomas, normalmente, involucran a otras personas y estas sufren consecuencias, igual que tú. Incluso aquellas decisiones que la mayoría piensa que solo alcanzan a ellos, también tocan (a veces rozan, pero a veces golpean) a los otros. Ejemplo: yo fumo y no le hago mal a nadie, en el peor de los casos, a mí mismo. Falso. Si fumo, aquellas personas que tienen que "compartir" mi humo también sufren.

A pesar de los errores (propios o de los otros) que nos tocan, Dios nos cuida. Nos ofrece su protección y cuidado, aunque -desde la perspectiva humana- no lo merezcamos. En el medio del desierto de tu vida, Dios te envía un ángel para marcarte el camino que debes recorrer, te da el sustento que necesitas para que tú y tu familia lleguen al destino que él te ha marcado.

Quizá, como Agar, los errores de otros te han marcado, y por culpa de otros estés pasando por situaciones complicadas. El mensaje es claro y contundente: "Yo te cuido, y tengo un futuro promisorio para ti y tu familia, si confías en mí".
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ISAAC

domingo, 16 de enero de 2022

"¡De ninguna manera debes llevar a mi hijo hasta allá! - le replicó Abraham-. El Señor, el Dios del cielo, que me sacó de la casa de mi padre y de la tierra de mis familiares, y que bajo juramento me prometió dar esta tierra a mis descendientes, enviará su ángel delante de ti para que puedas traer de allá una mujer para mi hijo". 
Génesis 24:6-8

Me gustaría ser un hijo como Isaac. Sin duda, pienso en el monte Moriah, en el sacrificio voluntario que aceptó ser. Definidamente, sin saber cómo Dios iba a solucionar el problema de haberse acostado sobre el altar, marca una fe al nivel de la de su padre. Yo soy de los que hubieran corrido. Y sí... hubiese sido mucho más fácil.

Para llegar a acostarte en el altar del sacrificio, debes conocer mucho al Padre que te pide el sacrificio. No sé si tu altar será el del dinero, el de las amistades o el de tu trabajo; no sé sobre qué altar Dios te está pidiendo que te sacrifiques. Pero, solamente te vas a animar a acostarte en el altar cuando conozcas a tu Padre. Antes, es sencillamente imposible.

En realidad, no sé si me gustaría ser un esposo como Isaac. Acepto que las costumbres de la época marcaban la responsabilidad de buscar las futuras esposas de los hijos sobre los padres, pero es una idea que no me termina de alegrar. Realmente, preferiría recibir la bendición de mis padres sobre una elección que yo haya realizado. Al hijo de Abraham le fue muy bien: Dios dirigió la historia, el ser humano se dejó guiar por el Omnisapiente, y el resultado fue alegría.

Siempre me llama la atención que Eliazer, el siervo, nunca mencionara -siquiera- el hecho de que la joven que Dios le iba a mostrar tenía que ser linda; ni siquiera simpática. La lista de "cualidades" iba por otros senderos. De todos modos, como Dios no nos deja a mitad camino, la elegida cumplía con los requisitos pedidos por el padre del novio al siervo, por los que el siervo le pidió a Dios; y -por añadidura- la desconocida agradó al prometido.

¡Ese es Dios! Cuando dejas que él guíe todas tus elecciones y todas tus decisiones (observa que repetí la palabra "todas"), las cosas salen mejor de lo que tú habías soñado.
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MELQUISEDEC

sábado, 15 de enero de 2022

Este Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, salió al encuentro de Abraham, que regresaba de derrotar a los reyes, y lo bendijo. 
Hebreos 7:1

No voy a discutir las cuestiones teológicas que envuelven (hasta con un poco de misterio) a este personaje. Su aparición sorpresiva en el libro de Génesis, su recuerdo en los Salmos y los comentarios que Pablo organiza en torno a su figura, son lo único que tenemos de él en la Biblia; a pesar de eso, los teólogos han discutido (y algunos continúan haciéndolo) sobre la naturaleza, la función y los simbolismos que este hombre tiene. Solo te invito a pensar en Melquisedec bajo dos aspectos: ser un tipo de Jesús y ser sacerdote.

El primero de los asuntos, es (o debería ser) el sueño de todo cristiano. Vivir una vida de tal naturaleza que podamos ser llamados "tipos de Señor Jesucristo". Parecemos tanto a él que podamos ser su sombra. Ser tan similares, que nos puedan llegar a confundir.
Melquisedec nos permite ser una nación de sacerdotes. No necesitamos ser hebreos ni ser hijos de Aarón. La orden de Melquisedec es universal, y nos incluye a ti a mí. No exige pruebas de sangre ni de ADN, apenas un corazón entregado en las manos de Dios, para que él realice la obra que debe hacer.

Cuando Pedro, en su Epístola, nos llama a ser un "real sacerdocio" nos está colocando en manos la mayor responsabilidad espiritual que un ser humano puede tener: representar a Cristo delante de sus semejantes.
Pensándolo así, podemos llegar a entender por qué es más fácil predicar de Cristo a los "desconocidos" con quienes nos cruzamos en el camino de la vida, que predicarlo a quienes tienen el "placer" de convivir con nosotros todos los días. Mostrar a Cristo a una persona con la que nunca tuve ningún tipo de contacto, desde un pulpito, es mucho más fácil que representarlo cada día y en cada hora a tu hijo, a tu hija, a tu mamá, a tu papá, a tu vecino, a tu amigo..

Es más fácil morir por Cristo una vez que vivir por él cada día. Ser un mártir es cuestión de minutos; ser discípulo, es cuestión de toda una vida.
Melquisidec nos posiciona para ser reales sacerdotes, con una enorme responsabilidad delante del cielo y la tierra. Pide fuerzas a Cristo, para que hoy lo representes de la mejor manera posible.
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SARA

viernes, 14 de enero de 2022

También le dijo Dios a Abraham: "A Sarai tu esposa, ya no la llamarás Sarai, sino que su nombre será Sara". Génesis 17:15

A pesar de los milagros que Dios realizó en su vida, Sara es uno de esos personajes bíblicos tan parecido a nosotros que hasta nos hace sentir bien. Ella forma parte de aquel grupo de seres humanos que intentamos hacer las acosas como Dios manda, obedecemos algunas de sus órdenes, somos sumisos en algunas ocasiones, disfrutamos de su poder en algunos momentos; pero que nos reímos (en secreto o no tanto) en ciertas circunstancias, no creemos en sus promesas cuando nos parecen fuera de nuestro alcance, intentamos ayudarlo cuando creemos que su poder es ilimitado para todo, menos para nuestro caso.

Seguramente, como buena esposa, la influencia de Sara sobre Abraham debió de haber sido grande. Por más que ella lo acompañó en su salida de Ur, por más que compartió la mentira en Egipto, también fue ella quien lo convenció para que tomara a Agar como su esposa, a fin de conseguir tener el hijo de la promesa.

Imagino que cuando aquel pequeño milagro en forma de bebé, llamado Isaac, ocupó su antiguo seno estéril, se llenó de fe en el Señor. Una fe muy similar a la que nosotros sentimos cuando el mensaje nos toca en una Semana de Oración, o en una situación especial desde el punto de vista espiritual, que nos produce fuertes emociones.

¿Notas las semejanzas? Momentos de profunda fe. Y momentos de mentira. Una vida espiritual hecha de momentos, de "a veces". A veces muy bien, a veces no tan bien. Y a veces muy mal. Sí, Sara se parece mucho a nosotros. Quizá, lo más importante de la caminata espiritual que la vida de Sara nos enseña es que, a pesar de los altibajos, a pesar de la poca estabilidad espiritual, a pesar de todos los pesares, Dios nos mira con aquellos ojos que brillan por la luz de una suave sonrisa dibujada en los labios, y con la misma voz que hace miles de años le anunció a Abraham.

Y hoy nos dice: "Ustedes dejen de ser lo que son porque los voy a transformar en príncipes y en princesas, que serán partícipes de las mayores bendiciones, de los mayores milagros. Príncipes y princesas de un Reino de amor, con alcance eterno y celestial".
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ABRAHAM

jueves, 13 de enero de 2022

El Señor le dijo a Abram: "Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, y vete a la tierra que te mostraré". 
Génesis 12:1

El primer paso de fe es el más complicado. Personalmente, creo que es en este episodio en la vida de Abraham que él demuestra más fe; incluso más que en el casi sacrificio de Isaac.
La fe es consecuencia del relacionamiento. Cuanto más profundo, natural y constante sea este; más profunda, natural y constante será aquella. Parece una fórmula matemática, pero es vida cristiana.
Dios le dijo a Abraham que tenía que salir de una ciudad que, según los estudiosos de la Biblia, estaba perfectamente situada para el comercio, cerca del río Eufrates. Era una ciudad en la que las excavaciones han descubierto el palacio de un rey, varios templos, algunos barrios residenciales, objetos arqueológicos de metales nobles y piedras preciosas. Ur era una gran ciudad del antiguo imperio.

¿Dejarías todo esto por una orden de Dios? Cuando Dios ordenó al héroe de la fe que sacrificara a Isaac, ya tenía una larga historia de bendiciones, milagros y cuidados divinos. En aquel momento, según dice la Biblia: Dios habló, ordenó, y Abraham obedeció. Imagina la sonrisa que se dibujó en el rostro de Dios cuando su hijo hizo caso.

No conozco tu historia. Quizá Dios te haya pedido, por su llamado, un paso enorme de fe para iniciar tu caminata rumbo a la Canaán celestial. Quizás hayas tenido que abandonar a tu familia o tu trabajo, por seguir a Cristo. 
De una u otra manera, me gustaría que pienses que lo que tú abandonaste, lo que yo tuve que abandonar y lo que Abraham debió dejar atrás no tiene punto de comparación con lo que Cristo dejó de lado, para venir a este mundo a fin de salvarte.
En el caso divino, no había promesas de una tierra rica en bendiciones, ni de una larga genealogía. La única promesa que Cristo tenía al dejar el cielo era que en un par de años sería rechazado, maltratado y crucificado. Sabía que su grupo de amigos más cercano lo iba a abandonar y, en soledad, tendría que morir creyendo que -quizás, algún día- un ser humano perdido en el sur del universo iba a creer en su sacrificio y entregarle la vida.
Hoy tienes la oportunidad de dibujar a Dios una sonrisa en el rostro. No la pierdas.
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